"El trabajo os hara libres"
¿Te has dado cuenta del tiempo que llevas sin trabajar? Peor aún sin que se te ocurra un puñetero sitio al que enviar el curriculum, o habría que llamarlo “ridiculum vitae” con unas minimas opciones de ser leído, o marcar un teléfono en el que suene al otro lado una voz creible, que digo, alguien que sea capaz de atenderte sin que le queme el auricular.
¿Te has dado cuenta del tiempo que llevas sin trabajar? Peor aún sin que se te ocurra un puñetero sitio al que enviar el curriculum, o habría que llamarlo “ridiculum vitae” con unas minimas opciones de ser leído, o marcar un teléfono en el que suene al otro lado una voz creible, que digo, alguien que sea capaz de atenderte sin que le queme el auricular.
Recuerdas cuando disponías de la mayor parte de la prestación por desempleo sin consumir y pensabas que había margen de maniobra para todo: para formarte, pero en algo que te molase y a poder ser relacionado con lo que ha sido tu profesión (una especie de lifting que disimulara tu ajado CV), para buscar un nuevo empleo pero sin agobiarse, no sea que acabaras aceptando una cagada de trabajo muy por debajo de tus capacidades y experiencia, y porque no, cuando uno cree que dispone de trecho por delante se atreve incluso a retomar esas aficiones de años mas jóvenes, pospuestas una y otra vez, y que en este punto exacto de la vida van a inflamar tu ego como una garrafa de tequila. Había margen, calendario para casi todo, ¿verdad? Sin prisas, pero sin pausas. No cedas a la angustia, no tienes que demostrar nada -te repites como un mantra cuando empiezas a notar el aguijon del desaliento- tienes suficientes perdigonadas en el culo para salir airoso y regresar al lugar que te corresponde en el mercado laboral, o habría que llamarlo…Jungla Laboral.
Porque esto ya no es un mercado, si alguna vez lo fue. Un mercado es un lugar regido por ciertas normas, cambiantes según las épocas o los ciclos pero coherentes, en el que existe una tendencia al equilibrio entre la oferta y la demanda, una mecánica visible y compartida que brinda a las personas margen de maniobra, de negociación, en una palabra, de elección. Nos enfrentamos a una situación inédita. Las reglas de juego han cambiado, en realidad las están borrando, y a estas alturas sin ningún pudor, sin paños calientes, a destajo: ”Wellcome to the jungle”, y no intentes cambiar de sintonia porque solo existe un canal y solo Guns N´Roses de aquí en adelante, hasta que nos revienten los oídos, ¿preparado para sobrevivir?
Tu, como yo, como un importante contingente de personas que hemos superado la barrera de los cuarenta y muchos y hemos sido excretados del trabajo remunerado, no imaginábamos lo que aguardaba ahí fuera: "Houston, we have a problem" es lo que sucede cuando a uno le embarcan en un viaje sin retorno, en el Apolo 13 de las tasas nacionales del desempleo y le abandonan a su suerte. Porque siento aguarte el paseo al limbo laboral, pero alguien ha decidido que somos carne de catastrofe ¿O pensastes por un momento que era un vuelo de ida y vuelta?
Quizá a lo largo de tu vida has atravesado parecidas circunstancias, digo parecidas; cambiaste de trabajo pero sin traumas, quedando como una señor y dejando tras de ti las puertas abiertas, o puede que decidieses largarte a la brava porque apostaste fuerte por un futuro y un dinero que estaba al alcance. Aun conservas un viejo frasquito de mercromina en el botiquín del alma, cierta fe en que las riendas de tu vida por feas que se pongan las cosas siguen en tus manos, y por u tiempo pensastes que saldrías del barro con las mismas armas y las mismas ideas que te han valido hasta la fecha para ganarte un salario !Pues no! Puedes hacerte las pajas mentales que gustes pero estas metido en una especie de apartheid laboral, del que nadie se detuvo a preguntarte si querías formar parte, la parte de los que están jodidos, claro, porque sin comerlo ni beberlo nos han colocado una estrella amarilla en la solapa que dice: "Desempleado: + de 45 años”, nos han conducido hasta un lugar llamado “SEPE”, han procedido a identificarnos y marcarnos, nos han asignado un numero de muchos dígitos que nos acredita como demandante de empleo y acto seguido nos han mandado con el CV debajo del brazo, los años de experiencia, los títulos, los carnes, cursos, cursillos, masters y seminarios, al carajo. Como si fueras un extra de una película de nazis y judíos, te han aparcado en uno de los muchos barracones que salpican la explanada del paro en este país y donde te vas a encontrar con otros miles de "aparcados" deambulando como tu, con un rictus de asombro y de mala leche instalado en la jeta y en el ánimo, igual que una cicatriz que lo amarga todo. Tu aspecto y tus sentimientos son los de ser un bulto obsoleto abandonado en el arcen del mercado de trabajo, y para tu desgracia has iniciado, por muy duro que resulte admitirlo, un proceso de autodemolición mental y física que de manera obstinada va a convertirte en un puto zombie laboral.
Un proverbio oriental reza: cuídate de quien no tiene nada que perder, pues solo tiene cosas que ganar.
Esto no es el fin, compañero zombie, es el principio.

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