Es la frase lapidaria que sale de todas
las gargantas. Las personas que cobramos un sueldo, un subsidio, una ayuda,
una prestación, en este país solo sabemos decir "es lo que hay"
cuando se nos pregunta como vemos la situación. Resignación de enfermo
terminal. Todos cargados -habría que decir cagados- de motivos para no mover un
dedo por nadie, ni nada, cada uno a lo suyo. Darse un paseo radiofónico o
televisivo por los espacios de máxima audiencia, donde presuntamente opinan las
cabezas mejor amuebladas de nuestro país -en mi caso tras casi dos años de
ausencia deliberada-, te demuestra hasta qué punto la libertad de pensamiento
es inexistente. Mi realidad económica y personal inmediata ha saltado casi por
los aires y estos tíos, y sus voceros pretenden que no extraiga más
conclusiones que las que ellos me dicten.
A estas alturas es de dominio público que el euro no va a sacarnos de
ningún atolladero, al contrario, la falta de moneda propia nos impide cualquier
margen de modular la economía propia, modificamos la constitución a toque de
corneta para que los amos del dinero se aseguren el pago de la deuda, en lugar
de utilizar esas modificaciones para fortalecer la democracia; se acude a
auxiliar a los poderosos mientras se abandona a los débiles, decretando
fabulosas partidas monetarias de rescate, al tiempo que se impulsan sin tregua baterías
de recortes sociales y reformas laborales cuyo objetivo no es otro que empujar
al estado del bienestar al borde de la inanición, en aras, dicen, de nuestra
propia conveniencia. Nos imponen lo que nos perjudica como si se tratara de un
dogma.
Mientras el coro de voces "autorizadas" vuelve al ataque desde
los medios de comunicación, les pertenecen y el pensamiento único fluye.
Conectas la radio y te toca escuchar en una tertulia nacional de expertos como
las palabras del presidente de un banco con muchas "bes" son citadas
poco menos que ex cathedra, Moisés guiando a los precarios a través del mar de
la crisis. Tienen que mantenernos en tensión, acojonados, con la respiración
contenida. Todos aferrados a las ramas del guindo para no caernos, no sea que
nos toque ver lo que no estamos dispuestos a ver. Llegara un momento que nos
anuncien otra vez, oficialmente, que los brotes verdes están aquí. Y como
estamos deseando mordisquearlos, compraremos esa moto como si fuera nueva. Pero
ya nada será igual que antes. Hay un antes y un después, y lo que es peor un
peaje que estamos pagando y seguiremos pagando durante muchos años en forma
de recortes, rebajas de sueldos, perdidas de derechos básicos, almoneda de
los servicios públicos, pero "es lo que hay", ¿no? La
precariedad ha venido para quedarse y formar parte de nuestro vidas.
Me pregunto si podremos convivir cómodamente con la conciencia creciente de
que hemos servido de colchón para unos pocos, una minoría de la sociedad que
como pregonaba un señor de calva sonriente
y apellido de zapato: “es un momento fantástico para España, llega el dinero”.
Nunca tan pocos han perjudicado a tantos.

1 comentario :
Si a esto le sumas que van a subir el IVA de carnes, pescados, embutidos y demás alimentos, compensado eso sí, de una mejora en deducciones del IRPF, del que sólo se beneficiarán los de siempre como no, pues sólo me queda pensar, que estamos en un país de castañuelas y panderetas en los que la gran mayoría de los perjudicados, es decir, todos nosotros, vamos aceptando y tragando impasibles una por una la sarta de injusticias que chorizos y butifarras políticos nos cuelan como goles sin que apenas nos atrevamos a pestañear.
Una auténtica vergüenza.
Como dice Revilla, quieren que volvamos al pan y a las patatas.
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