domingo, 10 de noviembre de 2013

CEMENTERIO DE PRECARIOS

Es la frase lapidaria que sale de todas las gargantas. Las personas que cobramos un sueldo, un subsidio, una ayuda, una prestación, en este país solo sabemos decir "es lo que hay" cuando se nos pregunta como vemos la situación. Resignación de enfermo terminal. Todos cargados -habría que decir cagados- de motivos para no mover un dedo por nadie, ni nada, cada uno a lo suyo. Darse un paseo radiofónico o televisivo por los espacios de máxima audiencia, donde presuntamente opinan las cabezas mejor amuebladas de nuestro país -en mi caso tras casi dos años de ausencia deliberada-, te demuestra hasta qué punto la libertad de pensamiento es inexistente. Mi realidad económica y personal inmediata ha saltado casi por los aires y estos tíos, y sus voceros pretenden que no extraiga más conclusiones que las que ellos me dicten.

A estas alturas es de dominio público que el euro no va a sacarnos de ningún atolladero, al contrario, la falta de moneda propia nos impide cualquier margen de modular la economía propia, modificamos la constitución a toque de corneta para que los amos del dinero se aseguren el pago de la deuda, en lugar de utilizar esas modificaciones para fortalecer la democracia; se acude a auxiliar a los poderosos mientras se abandona a los débiles, decretando fabulosas partidas monetarias de rescate, al tiempo que se impulsan sin tregua baterías de recortes sociales y reformas laborales cuyo objetivo no es otro que empujar al estado del bienestar al borde de la inanición, en aras, dicen, de nuestra propia conveniencia. Nos imponen lo que nos perjudica como si se tratara de un dogma.

Mientras el coro de voces "autorizadas" vuelve al ataque desde los medios de comunicación, les pertenecen y el pensamiento único fluye. Conectas la radio y te toca escuchar en una tertulia nacional de expertos como las palabras del presidente de un banco con muchas "bes" son citadas poco menos que ex cathedra, Moisés guiando a los precarios a través del mar de la crisis. Tienen que mantenernos en tensión, acojonados, con la respiración contenida. Todos aferrados a las ramas del guindo para no caernos, no sea que nos toque ver lo que no estamos dispuestos a ver. Llegara un momento que nos anuncien otra vez, oficialmente, que los brotes verdes están aquí. Y como estamos deseando mordisquearlos, compraremos esa moto como si fuera nueva. Pero ya nada será igual que antes. Hay un antes y un después, y lo que es peor un peaje que estamos pagando y seguiremos pagando durante muchos años en forma de recortes, rebajas de sueldos, perdidas de derechos básicos, almoneda de los servicios públicos, pero "es lo que hay", ¿no? La precariedad ha venido para quedarse y formar parte de nuestro vidas.
Me pregunto si podremos convivir cómodamente con la conciencia creciente de que hemos servido de colchón para unos pocos, una minoría de la sociedad que como pregonaba un  señor de calva sonriente y apellido de zapato: “es un momento fantástico para España, llega el dinero”.

Nunca tan pocos han perjudicado a tantos.  

1 comentario :

Óscar dijo...

Si a esto le sumas que van a subir el IVA de carnes, pescados, embutidos y demás alimentos, compensado eso sí, de una mejora en deducciones del IRPF, del que sólo se beneficiarán los de siempre como no, pues sólo me queda pensar, que estamos en un país de castañuelas y panderetas en los que la gran mayoría de los perjudicados, es decir, todos nosotros, vamos aceptando y tragando impasibles una por una la sarta de injusticias que chorizos y butifarras políticos nos cuelan como goles sin que apenas nos atrevamos a pestañear.
Una auténtica vergüenza.
Como dice Revilla, quieren que volvamos al pan y a las patatas.

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