Corto y Pego la columna integra que Risto Mejide publicó en el diario
digital de el rotativo “El Periódico”, domingo 19/05/2013. La receta
contra el paro del televisivo publicista catalán. Sin prejuicios, señores, a
veces un fogonazo de lucidez puede venirnos desde la cabeza más insospechada.
Reinventarse conlleva cambiar radicalmente la visión de lo que entendías por trabajo hasta antes de que te encontraras en la calle. ¿Tenemos que asumir la idea de provisionalidad como algo ineludible? Has encontrado un nuevo empleo, vale. ¿Tienes que vender tu trabajo como si fueras una empresa, tu propia empresa? Traga saliva, y dale el mayor valor añadido que te sea posible y véndelo a tu nuevo entorno laboral como un producto estrella. Cualquier recurso es bueno para hacerse imprescindible. Eso sí, `fair play´. Intenta no imitar a todos aquellos que te han estado jodiendo. Todavia hay clases.
Reinventarse conlleva cambiar radicalmente la visión de lo que entendías por trabajo hasta antes de que te encontraras en la calle. ¿Tenemos que asumir la idea de provisionalidad como algo ineludible? Has encontrado un nuevo empleo, vale. ¿Tienes que vender tu trabajo como si fueras una empresa, tu propia empresa? Traga saliva, y dale el mayor valor añadido que te sea posible y véndelo a tu nuevo entorno laboral como un producto estrella. Cualquier recurso es bueno para hacerse imprescindible. Eso sí, `fair play´. Intenta no imitar a todos aquellos que te han estado jodiendo. Todavia hay clases.
No busques trabajo. Así te lo digo. No gastes
ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el
patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de
dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una
mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos,
la bajada de pantalones eurocomunitaria y lo poco que les importas a los que
realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en
alemán.
No busques trabajo. Te lo digo en serio. Si tienes más de 30 años, has sido
dado por perdido. Aunque te llames Diego Martínez Santos y seas el mejor físico
de partículas de Europa. Da igual. Aquí eres un pringao demasiado caro de
mantener. Dónde vas pidiendo nada. Si ahí afuera tengo a 20 mucho más jóvenes
que no me pedirán más que una oportunidad, eufemismo de trabajar gratis. Anda,
apártate que me tapas el sol.
Y si tienes menos de 30 años, tú sí puedes fardar de algo. Por fin la
generación de tu país duplica al resto de la Unión Europea en algo, aunque ese
algo sea la tasa de desempleo. Eh, pero no te preocupes, que como dijo el
maestro, los récords están ahí para ser batidos. Tú sigue esperando que los
políticos te echen un cable, pon a prueba tu paciencia mariana y vas a ver qué
bien te va.
Por eso me atrevo a darte un consejo que no me has pedido: tengas la edad
que tengas, no busques trabajo. Buscar no es ni de lejos el verbo adecuado.
Porque lo único que te arriesgas es a no encontrar. Y a frustrarte. Y a
desesperarte. Y a creerte que es por tu culpa. Y a volverte a hundir.
No utilices el verbo buscar.
Utiliza el verbo crear. Utiliza el verbo reinventar. Utiliza el verbo
fabricar. Utiliza el verbo reciclar. Son más difíciles, sí, pero lo mismo
ocurre con todo lo que se hace real. Que se complica.
Da igual que te vistas de autónomo, de empresario o de empleado. Por si aún
no lo has notado, ha llegado el momento de las empresas de uno. Tú eres tu
director general, tu presidente, tu director de marketing y tu recepcionista.
La única empresa de la que no te podrán despedir jamás. Y tu departamento de
I+D (eso que tienes sobre los hombros) hace tiempo que tiene sobre la mesa el
encargo más difícil de todos los tiempos desde que el hombre es hombre: diseñar
tu propia vida.
Suena jodido. Porque lo es. Pero corrígeme si la alternativa te está
pagando las facturas.
Trabajo no es un buen sustantivo tampoco. Porque es mentira que no exista.
Trabajo hay. Lo que pasa es que ahora se reparte entre menos gente, que en
muchos casos se ve obligada a hacer más de lo que humanamente puede. Lo llaman
productividad. Otra patraña, tan manipulable como todos los índices. Pero en
fin.
Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te
da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna
singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es
encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles
podrían estar recompensadas. Si no es aquí, fuera. Si no es en tu sector, en
cualquier otro. Por cierto, qué es un sector hoy en día.
No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una
necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la
moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua
vehicular, que también.
No busques trabajo. Mejor busca a un
ingenuo, o primer cliente. Reduce sus miedos, ofrécele una prueba gratis, sin
compromiso, y prométele que le devolverás el dinero si no queda satisfecho. Y
por el camino, gánate su confianza, convéncele de que te necesita aunque él
todavía no se haya dado cuenta. No pares hasta obtener un sí.
Vendrá acompañado de algúnpero, tú tranquilo que los peros siempre
caducan y acaban cayéndose por el camino.
Y a continuación, déjate la piel por que quede encantado de haberte
conocido. No escatimes esfuerzos, convierte su felicidad en tu obsesión. Hazle
creer que eres imprescindible. En realidad nada ni nadie lo es, pero todos
pagamos cada día por productos y servicios que nos han convencido de lo
contrario.
Por último, no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras
retirarte jamás. Y un día día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no
venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando.
Ah, y olvídate de la estabilidad, eso es cosa del siglo pasado. Intenta gastar
menos de lo que tienes. Y sobre todo y ante todo, jamás te hipoteques, piensa
que si alquilas no estarás tirando el dinero, sino comprando tu libertad.
Hasta aquí la mejor ayuda que se me ocurre, lo más útil que te puedo decir,
te llames David Belzunce, Enzo Vizcaíno, Sislena Caparrosa o Julio Mejide. Ya,
ya sé que tampoco te he solucionado nada. Aunque si esperabas soluciones y que
encima esas soluciones viniesen de mí, tu problema es aún mayor de lo que me
pensaba.
No busques trabajo. Sólo así, quizás, algún día, el trabajo te encuentre a
ti.
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